Por Jaime Flórez
Podrá sonar a lugar común, pero en esta ocasión, inconmensurablemente más que en cualquier otro proceso electoral que hayamos tenido en el pasado, Colombia se está jugando su futuro como república independiente, ejemplo de democracia en el continente. Y es que, a pesar de venir siendo escenario por décadas de sangrientos conflictos promovidos por organizaciones narcoguerrilleras de izquierda, financiadas por China y la extinta Unión Soviética a través de Cuba, Colombia y sus instituciones se han mantenido estables en medio de gravísimas amenazas, tanto de la guerrilla como del crimen organizado.
La solidez de su democracia llegó incluso a permitir que una coalición de colectividades de izquierda, vinculadas algunas a bandas de guerrilleros, ganara las elecciones del 2022 y llevara a la presidencia a Gustavo Petro, un ex guerrillero del M-19, cuyo desempeño en la más alta magistratura del estado colombiano ha resultado ser catastrófico, al punto que resulta difícil de entender que el candidato que él apoya para sucederlo en el cargo, también con pasado guerrillero, tenga hoy el mayor respaldo popular en las encuestas.
Es como si la nación colombiana fuera incapaz de verse reflejada en las historias trágicas de su vecina Venezuela y sus muy cercanas Cuba y Nicaragua, y no le importara cambiar su envidiable estabilidad política y su relativa prosperidad económica por la miseria total y la necesidad de emigrar para sobrevivir, que han tenido que enfrentar cubanos, venezolanos, nicas y todos aquellos ciudadanos de países que han caido en las garras del socialismo de cualquier siglo.
Los colombianos están en la imperativa necesidad de entender que, si Iván Cepeda llega a la presidencia, el desastre de Petro va a parecer un paseo por el parque. Las instituciones caerán por el piso, la economía sucumbirá, el hambre y la miseria serán la norma, como lo han sido en Cuba por 67 años y en Venezuela por 27, países que fueron envidiablemente prósperos antes de la llegada de las vanas ilusiones marxistas.
Por fortuna, en Colombia aún quedan opciones y aunque todo parece indicar que Cepeda logrará sacar más votos en la primera vuelta, no le alcanzarán para escaparse del segundo turno, y en ese balotaje tendrá que enfrentar o bien a Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático, partido fundado y liderado por el expresidente Álvaro Uribe, o a Abelardo de la Espriella, líder del Movimiento Firmes por la Patria, que ha logrado consolidar un sólido apoyo de buena parte de un país, cansado, decepcionado y frustrado con Petro y su pandilla de bandidos, incapaces e ineptos.
En primera vuelta, el 31 de mayo, nos cabe a todos evitar, a como dé lugar, que Cepeda alcance la mitad más uno de los votos, y eso se logra votando, por cualquiera de los otros dos con opciones de ganar, Paloma y Abelardo, o incluso por los que ya no tienen posibilidad alguna de vencer, lo importante es votar de todas formas. Yo decidí que votaré por Paloma Valencia, y esta vez, al contrario de otras elecciones, no voto en contra, ni tengo nada en contra de Abelardo de la Espriella, y si me decanto por Paloma es solo porque creo que su experiencia como Senadora, el respaldo de su partido y el apoyo del presidente Uribe, además de su condición de mujer, le imprimen ciertas ventajas y por eso quisiera verla enfrentando a Cepeda en la segunda vuelta.
Pero tengo cristalinamente claro que en el mismo momento en que se conozca el resultado, endosaré mi apoyo y canalizaré todos mis esfuerzos a lograr la victoria de quien quiera que sea el que enfrente al guerrillero el 21 de junio, así como espero que los partidarios de Abelardo hagan lo mismo, porque ya no va a ser una contienda entre candidatos sino una cruzada por la salvación de esa Colombia que tanto amamos y que queremos seguir viendo grande, altiva, próspera y libre, por toda la eternidad.






