By Lou Hernández 

Three new members were honored with induction into the Hispanic Heritage Baseball Museum Hall of Fame in a ceremony held at Duffy Sports Bar & Grill in Miami, May 23.

Former major league players Julián Tavarez, Oreste Marrero and team owner and executive Roberto “Bobby” Maduro were recognized for their outstanding contributions to the game.

The Dominican-born Tavarez had a 17-year career in the big leagues, mostly as a relief pitcher. He pitched for eleven different teams, including the Cleveland Indians, the club for which he debuted in 1993, at the tender age of 20.

Oreste Marrero also reached the major leagues in 1993 with the Montreal Expos. Also suiting up for the Los Angeles Dodgers, Marrero, an outfielder/first baseman, had a long minor league career of nearly two decades, including several seasons in Mexico and in his native Puerto Rico.

Jorge Maduro accepted the Hall of Fame plaque on behalf of his father, who passed away in 1986 and had an extensive career in the mid-20th century as a stadium builder, team owner, and wide-ranging promoter of Latin American baseball in Cuba and the United States. Maduro co-built Gran Stadium del Cerro de la Habana in 1946. At the time of its opening, it was the first million-dollar sports complex built in Latin America. Later, Maduro also created the Inter-American Baseball League in 1979 and worked for years, under two MLB baseball commissioners, as a liaison and ambassador to the winter and summer leagues in the Caribbean basin and Mexico.

“I still remember when my father’s team, the Cuban Sugar Kings, won the 1959 Triple-A Championship, beating the Minneapolis Millers, in my father’s stadium in Havana,” said a visibly emotional Maduro, who was 12 years old and team batboy at the time. “The stadium erupted with joyful pride, and I was swept into the outfield by the throngs of people running onto the field to celebrate.”

The new members received complimentary jerseys and caps from Hall of Fame, along with bronze plaques, highlighting their career achievements. “Presently the Hispanic Heritage Baseball Museum Hall of Fame is a National Traveling Museum Hall of Fame,” said Gabriel “Tito” Ávila, Jr., President and CEO. “It’s a treasure with a vision and mission to eventually have a permanent address in the United States, currently based in San Francisco, California.”

Ávila, Jr., a retired Department of Veteran Affairs military service coordinator and retired Air Force Reserve Officer, founded the baseball museum in 1998 in San Francisco. “The Museum Hall of Fame will ensure the history and profound influence that Hispanic players have made on the great game of baseball,” added Avila, Jr.

“Our youth desperately seeks hope and direction. The Museum Hall of Fame offers a unique opportunity to provide inspiration while creating a great legacy with vision towards our future.”

El Salón de la Fama del Museo del Béisbol de la Herencia Hispana incorpora a tres nuevos miembros

Por Lou Hernández

 Tres nuevos miembros fueron honrados con su incorporación al Salón de la Fama del Museo del Béisbol de la Herencia Hispana, en una ceremonia celebrada en el Duffy Sports Bar & Grill en Miami el 23 de mayo.

Los exjugadores de las Grandes Ligas Julián Tavárez y Oreste Marrero, así como el propietario de equipos y ejecutivo Roberto “Bobby” Maduro, fueron reconocidos por sus destacadas contribuciones al juego.

Tavarez, nacido en la República Dominicana, tuvo una carrera de 17 años en las Grandes Ligas, principalmente como lanzador relevista. Lanzó para once equipos diferentes, incluidos los Indios de Cleveland, el club con el que debutó en 1993, a la tierna edad de 20 años.

Oreste Marrero también llegó a las Grandes Ligas en 1993 con los Expos de Montreal. Marrero —jardinero y primera base que también vistió el uniforme de los Dodgers de Los Ángeles— tuvo una larga carrera en las ligas menores de casi dos décadas, la cual incluyó varias temporadas en México y en su natal Puerto Rico.

Jorge Maduro recibió la placa del Salón de la Fama en nombre de su padre, quien falleció en 1986 y tuvo una extensa trayectoria a mediados del siglo XX como constructor de estadios, propietario de equipos y un amplio promotor del béisbol latinoamericano tanto en Cuba como en los Estados Unidos. Maduro participó en la construcción del Gran Stadium del Cerro de La Habana en 1946. En el momento de su inauguración, este fue el primer complejo deportivo millonario construido en América Latina. Posteriormente, en 1979, Maduro también creó la Liga Interamericana de Béisbol y trabajó durante años —bajo el mandato de dos comisionados de la MLB— como enlace y embajador ante las ligas de invierno y verano de la cuenca del Caribe y México.

“Todavía recuerdo cuando el equipo de mi padre, los Cuban Sugar Kings, ganó el Campeonato de Triple-A de 1959, al vencer a los Minneapolis Millers en el estadio de mi padre en La Habana”, dijo un visiblemente emocionado Maduro, quien tenía 12 años y se desempeñaba como recogebates del equipo en aquel entonces. “El estadio estalló en un orgullo jubiloso, y fui arrastrado hacia los jardines por las multitudes que corrían hacia el terreno de juego para celebrar.”

Los nuevos miembros recibieron camisetas y gorras de cortesía del Salón de la Fama, junto con placas de bronce que destacan los logros de sus carreras. “Actualmente, el Salón de la Fama del Museo del Béisbol de la Herencia Hispana es un museo itinerante de alcance nacional”, afirmó Gabriel “Tito” Ávila, hijo, presidente y director ejecutivo. “Es un tesoro con la visión y la misión de establecerse, a la larga, en una sede permanente en los Estados Unidos; actualmente tiene su base en San Francisco, California”.

Ávila, Jr., coordinador de servicios militares jubilado del Departamento de Asuntos de los Veteranos y oficial retirado de la Reserva de la Fuerza Aérea, fundó el museo de béisbol en 1998 en San Francisco. “El Salón de la Fama del Museo salvaguardará la historia y la profunda influencia que los jugadores hispanos han ejercido en el gran deporte del béisbol”, añadió Ávila, hijo.

“Nuestra juventud busca desesperadamente esperanza y rumbo. El Salón de la Fama del Museo ofrece una oportunidad única para brindar inspiración, al tiempo que crea un gran legado con visión hacia nuestro futuro.